Lizarra-Garazi. Haremos camino al andar
es un artículo publicado en GARA el 11 de septiembre de 1999 por José Elorrieta Aurrekoetxea, secretario general del sindicato vasco mayoritario ELA.
Joxe Elorrieta Aurrekoetxea * Secretario general de ELA
Por paradójico que parezca, la Declaración de Lizarra-Garazi marca el agotamiento tanto del marco jurídico-político vigente (Constitución, Estatuto y Amejoramiento) como de la opción armada como respuesta al déficit democrático derivado de la transición.
Este agotamiento se sitúa en la perspectiva de un proceso, y tiene carácter irreversible, porque Lizarra-Garazi formula de manera inequívoca una opción para superar el contencioso vasco difícilmente rebatible, ya que se sustenta en el respeto a la voluntad de la mayoría de las y los vascos, partiendo, por supuesto, de la aceptación rotunda y explícita de la pluralidad que existe en nuestra sociedad.
Sin duda alguna, éste es el punto fuerte del Acuerdo, que se potencia, además, por el hecho de que quienes lo suscriben representan a la mayoría política y social de este país.
En definitiva, por mucho que asuste a algunos y por manipulable que pueda ser ante determinados sectores, Lizarra-Garazi plantea el futuro de Euskal Herria en términos de soberanía y en términos de territorialidad, pero sin cometer el error de pretender ignorar una realidad diversa, y mucho menos de imponer un modelo y unos plazos acabados. Por tanto, la construcción nacional será lo que la mayoría de la ciudadanía vasca quiera, y tendrá que adaptarse en contenidos y ritmo a esa voluntad.
No tiene que haber prisa, pero tampoco pausa.
En Euskal Herria hemos sufrido mucho; también hemos madurado; hemos sacado conclusiones; y en nuestras diferencias nos sentimos parte de una única comunidad que puede y debe tener un futuro esperanzador en el que quepan todos y todas.
El tiempo y las experiencias entre las que se incluye, por supuesto, el gran fiasco del proceso autonómico, sin competencias suficientes, sin garantías suficientes, con una sistemática interferencia de los poderes ejecutivos, legislativo y judicial para cercenar las cuotas parciales de autogobierno han precipitado la situación, abriendo un nuevo ciclo que, con mayores o menores dificultades, va a suponer una revisión de fondo del marco vigente.
Sin minusvalorar en este sentido las dificultades que puedan venir de quienes pretendan negar el derecho de las y los vascos a decidir el futuro y no puede pasar en este sentido en absoluto inadvertido el intento explícito de romper el Acuerdo Lizarra-Garazi, aunque de ello se derive cualquier nivel de riesgo para el proceso de paz estamos firmemente persuadidos/as de que el mañana depende de nosotros mismos, de las vascas y de los vascos, porque la clave democrática que empuja el proceso lo hace imparable.
PP y PSOE se resisten a aceptar que su modelo de estado no tiene futuro, y de momento no se atreven a anticipar ningún movimiento, por parcial e insuficiente que éste fuese, en relación al llamado contencioso vasco. Apuestan por el inmovilismo y se aferran a jugar sus bazas, incluida, por supuesto, la política penitenciaria. Su apuesta de futuro es jugar todas las cartas a la desestabilización.
La voz del sindicalismo
Tal vez alguien se pregunte qué hace el sindicalismo en el Acuerdo de Lizarra-Garazi o qué va a hacer en el futuro en lo que a ese nuevo marco jurídico-político se refiere.
ELA apostó hace tiempo, con convicción y asumiendo riesgos, por una estrategia que pusiese fin a la fase anterior, caracterizada por la polarización, sencillamente porque nuestra gente, la gente que vive en Euskal Herria, sin ninguna exclusión, quería que cada uno asumiese su cuota de responsabilidad en el desbloqueo de esta situación.
En lo que al futuro se refiere, estamos decididos a seguir empujando, a seguir trabajando en esa clave de construcción nacional, incidiendo de manera específica y dándole toda la centralidad que se merece al modelo de sociedad.
Euskal Herria va a merecer la pena si, con independencia de la diversidad ideológica, la comunidad visualiza una sociedad en la que merezca la pena vivir, por ser una sociedad más cohesionada, comprometida en la lucha contra la exclusión, con aquellas coberturas sociales, sanitarias, educativas que universalicen derechos, que hagan realidad la igualdad de oportunidades.
Por eso, desde el movimiento sindical vasco vamos a incidir en lo que denominamos Marco Vasco de Relaciones Laborales, con competencias suficientes para defender una sociedad más justa, más equitativa, más solidaria, además de una sociedad más participativa.
Hay quienes dudan de la salud de Lizarra-Garazi y pretenden interpretar tales o cuales síntomas para ratificar sus hipótesis, pero, si lo nuevo todavía no ha nacido, es claro, es seguro, que lo viejo ha muerto.
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